Tetralogía del retrato (femenino)

En los inicios del arte fotográfico, el retrato fue uno de los primeros géneros que se gestó.  Aún hoy sigue siendo una tendencia prioritaria entre los fotógrafos contemporáneos, que recogen el testigo de las múltiples renovaciones que el género ha sufrido a lo largo de los años. Y es que, desde que Niepce realizara la primera fotografía y sobre todo desde que los cambios técnicos posibilitaran su democratización, el rostro humano ha sido capturado por las cámaras de múltiples fotógrafos con diferente sensibilidad, afán creativo, fuerza o empatía.

Algunos de los artistas que lograron dar un vuelco a la historia de la fotografía y a su concepto con su trabajo fueron mujeres. De la amplia lista de ellas hemos seleccionado a cuatro, con las que ilustraremos diferentes etapas y estilos del arte del retrato.

Paul and Virginia, by Julia Margaret Cameron1010px-Sadness_by_Julia_Margaret_CameronI_Wait,_by_Julia_Margaret_Cameron

Nos situamos en la década de los 70 del siglo XIX. En una época en la que el retrato no era más que un negocio, un objeto comercial de lujo para satisfacer la vanidad de los ricos, Julia Margaret Cameron revolucionó el concepto con su mirada sensible. Cameron no se dedicó a la fotografía con fines lucrativos, sino que potenció sus posibilidades artísticas. Fotografió a los que la rodeaban: a su familia, a sus sirvientes, convirtiéndolos en auténticos personajes de cuento. No le interesaba la perfección técnica, sino lo que la imagen podía llegar a transmitir: la ternura de la mirada infantil, la rudeza de la expresión de un anciano, la melancolía en una triste caída de ojos. Cameron se introdujo en los terrenos de la ficción: convirtió su fotografía en un escenario y a los fotografiados en actores.

Resulta evidente que en 1870 no todo el mundo tenía acceso a la fotografía. Cameron pertenecía a una clase acomodada de la Inglaterra del siglo XIX. Convirtió el gallinero de su casa en estudio fotográfico y la carbonera en cuarto oscuro, y se encerró en su arte sin salir del hogar. Ha trascendido por su fotografía alegórica y pictoricista, similar a la de su contemporáneo Lewis Carroll, y por su revolucionario tratamiento de la superficie fotográfica. Elaboraba marcos redondos, enmarcaba las imágenes con elementos positivados, desenfocaba elementos intencionadamente y empleaba toda una serie de prácticas de posproducción en su fotografía que eran desconocidos en la época.

Diane Arbus imgpress diane-arbus-7
En los años 60, la estadounidense Diane Arbus se interesa por el concepto de antihéroe. Recorre los barrios neoyorkinos en busca de personajes marginales, “freaks”, todo aquel que se situaba fuera de los límites de lo aceptado por la sociedad, las pesadillas del sueño americano. En la fotografía de Arbus, los monstruos son tratados como “normales”, mientras que saca a relucir el monstruo que hay dentro de las personas corrientes. Así, conviven en su obra tiernos individuos deformes con terroríficas señoras con abrigos de pieles. Sin embargo, es en los primeros en los que centra su trabajo, influenciada por la película Freaks de Tod Browning.

Como si al rodearse continuamente de dolor y muerte Arbus se hubiera contagiado, la fotógrafa sufrió desórdenes emocionales y episodios depresivos hacia el final de su vida. Se suicidó a los 48 años. En 2006 se estrenó la película Fur: An Imaginary Portrait of Diane Arbus, en laque se narra un episodio ficticio de la vida de la fotógrafa, interpretada por Nicole Kidman. Su continua búsqueda de la belleza que reside en la fealdad la ha convertido en una figura emblemática de la historia del retrato.

Cindy-Sherman Untitled Film Still #84

En los años 70, Cindy Sherman se autorretrata caracterizada de diferentes tipos de mujer. Suelen decir que si uno quiere que algo salga bien, lo mejor es hacerlo por sí mismo, así que instrumentaliza su propia imagen reproduciendo distintos estereotipos femeninos mediante un sano ejercicio que practica desde niña: el disfraz. Sherman se transforma en un ama de casa estancada en la rutina, en una mujer mayor que esconde sus arrugas con maquillaje, en una adolescente problemática o en una moderna urbanita, multiplicando su identidad para demostrar que pueden existir infinitas versiones de uno mismo.

Desde que Sherman realizara sus primeras fotografías a sus escasos veinte años, le ha dado tiempo a ponerse cientos de disfraces y a renovar su estilo, no solo en la forma -como puede ser su cambio del blanco y negro al color- sino también en el contenido -en una de sus series se caracterizó como personajes históricos, alejándose de lo común y corriente que había predominado siempre en sus creaciones. La exitosa exposición de sus obras en el MoMA de Nueva York durante la primavera de 2012 ha posibilitado que su obra se extienda y acapare nuevos admiradores, que ya reservan a Sherman un merecido puesto en el hall of fame de la fotografía.

63_24_NikkiLee_img01    tumblr_m4t5jxJqqb1qdli79o1_1280

Cerrando esta tetralogía encontramos a la coreana Nikki S. Lee. Por encima de alardes técnicos o estéticos, lo que llama la intención de su obra es la idea que propone. En uno de sus trabajos, Parts, Lee reúne una serie de fotografías que simulan retratos de pareja recortados. En ellas se sugiere que la chica, tras la ruptura, ha decidido sacar de la imagen al que fuera su pareja en un intento por sacarlo también de su vida. Sin embargo, en las fotografías siempre aparece la huella de la otra persona -un brazo, parte de una pierna- simbolizando el rastro que, pese a todo, permanece de forma inevitable por mucho que intente borrarse.

Como hiciera Sherman, en su trabajo fotográfico Lee se desdobla en múltiples personalidades, se convierte en muchas personas distintas. No solo lo hace en Parts, también se disfraza de distintas bandas urbanas para fotografiarse junto a ellas, en su ambiente, como si fuera una más.

Fuentes:

– Página del MoMA

– Página del National Museum of Women in the Arts

– Página del Metropolitan Museum of Arts

Telegraph

Anuncios