La Corrala y Somonte: un relato gráfico

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“Fuente en la Corrala Utopía. Desde que la ciudad les cortó el agua, los habitantes de la Corrala Utopía hacen cinco viajes al día a la fuente…”. Uno de los dibujos de Molly Crabapple para la Corrala. / Crédito: Vice

La joven dibujante Molly Crabapple ha retratado para la revista Vice la forma de vida de las gentes de la sevillana Corrala La Utopía y de la finca ocupada de Somonte, en Córdoba. Las ilustraciones muestran las dificultades a las que se enfrentan estas personas y ensalzan la dignidad de su lucha.

En su viaje a Sevilla, la dibujante estadounidense Molly Crabapple no quiso visitar su Catedral, ni los puentes sobre el río, ni el barroco de sus iglesias. Crabapple se ha interesado por la Corrala La Utopía, el bloque de pisos donde viven treinta familias sevillanas que, tras perder trabajo y vivienda, se ven obligadas a ocupar un edificio vacío. La historia de lucha de esta Corrala ha trascendido las fronteras del país y se ha convertido en un símbolo de la resistencia frente a la catástrofe española.

Muchos medios extranjeros han retratado el día a día de la Corrala, pero la radiografía que esta dibujante propone es muy diferente. En su primera columna en Vice, medio estadounidense en el que a partir de ahora publicará mensualmente, Crabapple transporta al lector a dos símbolos de la lucha del pueblo: la Corrala La Utopía y la finca ocupada de Somonte, en Palma del Río (Córdoba).

Al retrato humano y sensible de sus gentes y sus formas de vida le acompañan cinco ilustraciones en las que resume aquello que pudo ver durante su visita: los niños de la Corrala y la fuente de la que recogen agua desde que el Ayuntamiento les cortó el suministro, el hermoso rostro de una jornalera anarquista que resiste en Somonte. Crabapple se sirve de su arte para transmitir la realidad de la lucha contra la crisis, poniendo así su grano de arena. El arte contestatario, que apoya a la lucha social, también puede considerarse lucha.

No es la primera dibujante que se vuelca en retratar un fenómeno social. Esta historia recuerda a la de Enrique Flores, el ilustrador que acudió el 15 de mayo a la manifestación convocada en Madrid, libreta en mano, y desde ese día se dedicó a dibujar lo que sucedía a su alrededor, convirtiéndose en un cronista visual del surgimiento del 15-M.

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Uno de los dibujos con los que Enrique Flores retrató los primeros días del Movimiento 15-M / Crédito: Yorokobu

Fuentes:

– Artículo de Crabapple en la revista Vice

– Revista Yorokobu

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El secuestro de la cultura

Verónica Ruth Frías, en pleno secuestro / Fotografía: Cyro García

La creadora cordobesa Verónica Ruth Frías realizó el sábado una performance para denunciar la falta de compromiso de las instituciones con el mundo del arte. Las inmediaciones del “avión cultural”, en el Balcón del Guadalquivir, fueron el escenario de su acción reivindicativa.

Córdoba, seis de la tarde. Sobre la hierba que rodea al conocido como “avión cultural” se da cita un grupo de personas que, vestidas de negro y con palabras como “artista” o “cultura” escritas en sus camisetas, esperan a ser secuestrados. Una mujer armada con una pistola de plástico irrumpe en la escena y les dispara uno a uno hasta dejarlos yaciendo en el suelo, inertes. La mujer con la pistola es Verónica Ruth Frías, una artista cordobesa que decidió secuestrar el sábado a los artistas allí presentes, en una alegoría de lo que, a su parecer, las instituciones están haciendo con el colectivo del arte.

La demoledora escena tiene lugar bajo el viejo avión DC7, que se ha convertido para los cordobeses en símbolo de las promesas incumplidas de las instituciones y de las esperanzas perdidas del creador. En marzo de 2011 tuvo lugar el transporte del avión, cedido por un particular al Ayuntamiento de Córdoba, al escenario al que todavía hoy pertenece, el Balcón del Guadalquivir, un enclave privilegiado desde donde mira de reojo a la Mezquita, al otro lado del río. Lejos de trabajar en el proyecto que convertiría el aeroplano en un original espacio de exposición artística, las instituciones locales se limitaron a mantenerlo ahí, utilizándolo como una llamativa pancarta para pedir la Capitalidad Cultural que finalmente, para la decepción de los cordobeses, fue concedida a San Sebastián. El aeroplano, sobre el que aún puede leerse el un día esperanzador “Córdoba 2016”, prevé convertirse ahora en un mirador con cafetería.

Esto es un secuestro de la cultura“. Así arrancó el manifiesto que, con voz distorsionada e interrumpida por los sonidos de disparos, leyó Verónica Ruth Frías durante la performance. En él denunció la falta de compromiso de las instituciones con la cultura local y el empleo de los presupuestos públicos en proyectos que no conducen a nada. Según la artista, los fondos destinados a la promoción del arte se han ido malgastando en infraestructuras innecesarias en lugar de emplearlos en “mantener y ampliar” aquellas con las que ya contaba la ciudad, “que han funcionado durante los últimos años y que ahora mismo se están desmantelando, como la Fundación Rafael Botí o la Filmoteca de Andalucía“. La artista denuncia que el avión cultural, que “ha costado a la ciudadanía unos 140.000 euros”, es un claro ejemplo del dinero destinado a la promoción del arte que es “tirado a la basura y que, bien invertido, podría haber llegado a muchos de nosotros y de nuestros proyectos” a través de becas y premios que han dejado de celebrarse, como el Certamen de Artes Plásticas Pepe Espaliú o la Beca Rafael Botí. “Con los 47.000 euros del montículo donde poner el avioncito se podrían haber concedido ocho becas”, denuncia la artista, “ocho creadores más que se quedaron sin trabajo”.

Fuentes:

– Contacto con Verónica Ruth Frías

Cordópolis