El artista intruso

La historia ha demostrado que el arte no tiene por qué ceñirse siempre al concepto clásico de obra novedosa, original y genuina. Aunque muchos críticos han cuestionado la intervención de obras de arte ajenas como forma de creación legítima, algunos artistas se volcaron en crear nuevas versiones de obras que ya existían. En esta publicación recordaremos a algunos de ellos.

La reproducción de obras de arte siempre ha despertado polémicas, pese a ser una práctica que siempre se ha realizado: los propios monarcas medievales encargaban copias de cuadros a los pintores de la corte. Naturalmente, el mérito de una obra original es algo inherente al creador, un mérito más válido que el que aporta una copia, por mucha calidad técnica que se haya empleado en su elaboración. Pero a lo largo de la historia del arte han sido varios los artistas que han reinterpretado obras ajenas, interviniendo sobre ellas y fabricando una segunda versión. Se trata ahora de un fenómeno muy diferente: el de la creación propia sobre obra ajena. El interventor se convierte en un artista intruso, que mete sus narices en la obra genuina de otro obteniendo un resultado que se aleja de la copia para convertirse en una nueva obra genuina.

Una de las copias interpretadas -término con el que se conoce a estas obras- más famosas podría ser la famosa Marilyn de Andy Warhol. Tras el suicidio de la célebre actriz a principios de los años 60, Warhol decidió inmortalizarla en una serigrafía llena de color que se convirtió, junto a su lata de sopa Campbell, en el icono por antonomasia del pop-art. Para ello empleó una fotografía promocional de la película de Gene Korman Niagara, filmada en el 1053, que reinterpretó en sucesivas versiones dando como resultado la famosa obra.

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La Marilyn de Andy Warhol / Crédito: Lethebashar’s Flickr

Lo mismo hizo Warhol con la imagen de Elvis, que llegó a estampar hasta 22 veces. Nueve de las serigrafías que muestran al rey del rock se encuentran expuestas en distintos museos del mundo, mientras que el resto pertenecen a colecciones particulares. La apropiación de estas imágenes por parte de Warhol y su masiva reproducción a través de la práctica de la serigrafía podría llevar a cuestionar el valor de la obra artística, tradicionalmente entendida como objeto único, original y propio, un concepto con el que el controvertido artista rompió completamente en los años 60.

El singular Francis Bacon también aportó su grano de arena a la historia de la reinterpretación de obras de arte. En su caso se “apropió” del retrato que Diego Velázquez realizó en 1860 del Papa Inocencio X. Un siglo después de que Velázquez lo pintara, Bacon creó hasta cuarenta copias de la obra aportando su peculiar estilo. El resultado: una imagen destorsionada, espeluznante y violeta del retrato de Inocencio X, un hombre que, si ya en el cuadro de Velázquez transmitía una sensación de perversión y malicia, resucita en el de Bacon como un fantasma atrapado en su propia pesadilla.

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A la izquierda, el retrato de Inocencio X realizado por Velázquez. A la derecha, una de las versiones de Bacon / Crédito: pesciouno.blogspot.com

Poco después, Velázquez volvió a ser el blanco perfecto para que otro pintor tomara prestada su obra. En este caso el artista fue Pablo Picasso, y la pintura elegida, Las Meninas. Picasso reconvirtió hasta en 58 ocasiones a la familia de Felipe IV al cubismo. No fue el único que decidió dotar al famoso cuadro de un cambio de imagen: se trata de una de las obras más reinterpetadas de la Historia. Cabe destacar la aportación del pintor y escultor Manolo Valdés, que no se limitó a dibujar a la infanta y a sus damas sino que además transformó sus figuras planas en voluptuosas esculturas de bronce que han llegado ya a diversos países.

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Las Meninas cubistas de Picasso / Crédito: Museo Picasso

El último de los ejemplos que incluímos en este articulo ilustrativo sobre la copia interpretada es el de Marcel Duchamp. Como no podría ser de otra manera, el genio del dadá y el ready-made tenía que hacer aparición en un escenario de controversia. En su osada intervención sobre una imagen de la Giocconda de DaVinci, Duchamp no se limitó a colocarle un lustroso bigote a la Mona Lisa. Además, acompañó la imagen con el texto L.H.O.O.Q., homófono francés dela frase “elle a chaud au cul”, que podría traducirse al español como “ella tiene el culo caliente”. Poco después reinterpretaría su propia reinterpretación de la obra para crear una nueva versión, en la que la Giocconda aparecía esta vez sin bigote y junto a ella la palabra “raseé” (“afeitada“).

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La Mona Lisa con bigote de Marcel Duchamp / Crédito: Wikipedia

Para poner el punto final a esta relación de artistas intrusos lo mejor es recurrir al contrapunto cómico. La banda de country Hold Your Horses ! se sube al carro de la reinterpretación de obras de arte en el videoclip de su canción 70 Million, en el que realizan sus propias versiones de artistas tan diversos como DaVinci, Botticelli, Caravaggio, Delacroix, Magritte o Klimt. Y todo sin dejar de tocar la guitarra.

Fuentes:

– Página del MoMA y MoMA Learning; 1, 2 y 3

Suite101.com

Smithsonian.com

Diario de Ibiza

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